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Un balance del movimiento estudiantil secundario
Cómo se forja una generación de nuevos revolucionarios

por Gabriel Iturra
Parecía que los jóvenes en Chile habían sucumbido adoctrinados culturalmente bajo este sistema neoliberal. Pareció en algún momento que el prototipo juvenil era el “no estoy ni ahí” -muy a lo Chino Ríos-, que la mentalidad individualista primó por sobre la ninguneada lógica colectiva, que las revoluciones y los sueños guevaristas eran utopías del pasado manchadas por fracasos socialistas y que el mundo tenía que ser prácticamente estático. Parecía que la dictadura había quedado atrás y que la “democracia” tan anhelada había devuelto la pasividad a estos sujetos históricos, biológicamente propensos a ser revolucionarios.

Lo cierto es que algún cálculo falló. Alguna parte de la tesis de Milton Friedman era errónea, ¿faltó alguien a quien torturar?, ¿no pudieron extirpar de una ráfaga de balazos todos los gérmenes comunistas?, ¿faltó algún libro de Marx por quemar?, ¿ no se pudo bloquear por completo la influencia castrista y latinoamericana?, ¿fue muy temprana la vuelta a la democracia?, ¿que la alegría no vino nunca?, ¿ no pudimos salir del subdesarrollo?, ¿fueron pocos los derechos mapuches violados?, ¿ fue muy evidente el montaje educacional de la Concertación y la derecha en el 2006? o simplemente que ¿nunca se calculó que Chile es altamente dinámico, propenso a tener condiciones objetivas y subjetivas que llevan y llevarán siempre a una revolución?.

No es que esté señalando que estamos viviendo un proceso pre-revolucionario, ni mucho menos el inicio de la revolución proletaria, tampoco una situación política nacional de ingobernabilidad… Aunque por ahí va la cosa. Es que esta coyuntura estudiantil ha dado mucho que hablar en estos más de seis meses de movilización, con marchas multitudinarias, tomas de establecimientos educacionales, jornadas culturales, cortes de ruta, actividades sociales con una creatividad increíble, y tantas otras. Se habló hace muchos meses de cuál es la salida política al conflicto educacional, algo dentro del marco que estábamos acostumbrados a escuchar, ver, y creer de la clase política luego de la vuelta a la democracia. No faltó el político que se refiriera al conflicto dando uno que otro punto de vista fallido, analizando la situación siempre desde un punto de vista táctico y meramente reivindicativo. No faltó el debate sobre unos pesos más o unos pesos menos. También hubo intentos de oportunistas de distinto signo que quisieron apoyar al movimiento intentando visitar los liceos tomados, alardeando de una supuesta preocupación por la integridad física y sicológica de los estudiantes en huelga de hambre, creyendo que esta imagen renovada fuera a repercutir en los estudiantes y que se transformarían en los dueños de otro “perdonazo” histórico de los jóvenes chilenos tal como ocurrió el 2006. Pero esto no fue así y fueron naturalmente expulsados de dichos recintos.

Tanto así, que ni la coalición de gobierno y ninguna oposición tradicional tuvo chances de involucrarse en las bases de este movimiento estudiantil. Lo pedían a gritos y lo siguen pidiendo. Decían a coro: por favor, necesitamos volver a estar arraigados en los movimientos populares; nos dimos cuenta que cometimos errores en el pasado; fue una mala opción privatizar Chile y frenar los movimientos sociales. Una cosa muy cómica y hasta ridícula.

Grandes pasos El movimiento estudiantil ha dado pasos agigantados, ha dado el paso a la transversalidad, ha salido de las lógicas puramente reivindicativas, sectoriales y gremialistas. Y ha dado el paso trascendental que lo llevará a victorias futuras entendiendo que el problema de la educación es de la sociedad chilena en su conjunto. Ha comenzado a ver que este sistema educativo corresponde a una estructura y que está estrechamente ligado a otras problemáticas de índole país, que involucra a cada uno de los chilenos. Ha comprendido que si mi hijo está endeudado yo también lo estoy. Ha asumido que cada vez más en los hogares de los chilenos se comienza a conversar sobre los problemas de las deudas, sobre los créditos, sobre el papel del Estado, sobre los particulares. Ha logrado que la mayoría de Chile se incline activa o pasivamente por una mejor educación. Incluso podrán decir que ese 80 y hasta 90% de aprobación no es activo, que no todo el pueblo se moviliza, pero esa aprobación pasiva tiene márgenes incalculables hacia el futuro y aunque hoy no se ven movilizados mañana quién sabe.

Lo han bautizado en el extranjero como la “Primavera chilena”, como los indignados chilenos, un análisis mediático desde fuera del conflicto que no se acerca a la realidad de lo que sucede en Chile. No somos indignados, esto no es una mera pataleta que le da a un niño que reclama “esto está mal, estoy indignado”. El movimiento estudiantil chileno ya pasó esa etapa hace mucho, pasamos de la indignación a la organización y de la organización a la acción directa. No solamente nos molestamos y criticamos, eso es muy fácil y cómodo, esta generación es la generación de las ideas, de las nuevas formas de intervención directa y claro, una nueva generación en la política chilena con una propuesta clara y efectiva.

En Chile algunos le llaman “la rebelión de la clase media”, cada vez se escucha más esa frase pronunciada por diputados y senadores y uno que otro intelectual de biblioteca, que hace análisis políticos desde su sillón tomando café cargado y leyendo la prensa. Por lo menos ya no se enmarcan en decir que es un fenómeno solamente del movimiento estudiantil. Pero el concepto clase media es totalmente discutible, creer que las personas relacionadas en este conflicto son personas que no son pobres es algo muy básico, como si esta clase media tuviera muchos recursos, como si esta clase media fuera acomodada sólo por tener un auto de hace 5 años que sigue pagando con el crédito que pidió en el banco, que pudieron acceder a tarjetas de crédito, que la mayoría logró sacar algún título técnico o incluso universitario con el cual todavía no puede ejercer por falta de campo laboral, que viven el día a día llenos de préstamos e intereses usureros que cada vez suben más y que para colmo tienen que pagar la mayoría un colegio particular subvencionado que sigue siendo pésimo comparados con los liceos particulares.

Si sólo comparamos el sueldo mínimo fijado en 182 mil pesos con los ingresos de las familias más acomodadas en Chile, entre ellas, la de los Luksic con una fortuna de 19.200 millones de dólares (1) y luego, lo relacionamos con un salario promedio de algún técnico o profesional, surge una pregunta ¿Eso es ser clase media? O al contrario, ¿no será que el intento de reducir la actual movilización estudiantil a un problema sólo de una supuesta clase media busca bajar el perfil a la profundidad de la crisis política que se vive en Chile?

Estamos ad portas del término del conflicto estudiantil, tanto la derecha como la oposición ya se han fijado plazos y metas, y a nadie le parecería raro que salga uno que otro dirigente estrella, junto a los cancilleres de la oposición, gritando y alardeando ¡lo conseguimos!

Ganamos algo, no era lo que queríamos, pero avanzamos. Lo cierto es que desde el punto de vista táctico reivindicativo no avanzamos nada, no conseguimos más que pesos y muy pocos pesos, no va a ver ningún cambio estructural y se seguirán manteniendo las mismas lógicas que nos han llevado al fracaso educativo.

Los estudiantes secundarios (la próxima generación universitaria y trabajadora) fueron ninguneados en esta pasada y en ellos se carga una acumulación de experiencia incluso más importante que la que tuvieron los dirigentes universitarios de hoy en el 2006. Y es que el papel de la política está cambiando, algo está pasando en Chile, incluso más, cualquier propuesta de presupuesto que se apruebe, cualquier intento de acabar con este conflicto mediante un tongo político sólo va a esconder mediáticamente la rabia del pueblo sostenida por años, pero no podrá esconder la indignación y el rechazo ante la clase política. Aunque suene hoy inalcanzable y utópico, los estudiantes chilenos aspiran a una educación estatal, laica, gratuita y sin lucro. Y si no se logra eso, no hay victoria.

Y no es que me encierre en el todo o nada, al contrario, los estudiantes ya hemos ganado y hace rato, sin embargo, dentro de los márgenes actuales no existe una salida política a este conflicto estudiantil desde el punto de vista reivindicativo, tanto la Concertación como la derecha no soltarán fácilmente, la privatización de la educación. Por lo tanto, siempre supimos que el camino es largo, que hay que prepararse, que esto justamente es una escuela y que de esta escuela saldrán los próximos dirigentes universitarios, los próximos economistas, los próximos profesores, los futuros trabajadores, el futuro pueblo de Chile.

Y también asumimos que el nivel de acumulación de fuerzas que se logró en esta coyuntura es algo que llega a asustar a todos los grandes empresarios de Chile. Advertimos con buenos ojos que en cada liceo movilizado surgió un colectivo, en cada toma se formaron por lo menos 40 compañeros que el próximo año seguirán haciendo política. Reconocimos que muchos volvieron a retomar las banderas de lucha de los antiguos compañeros que sobrevivieron a la dictadura, los exiliados volvieron a gestionar ayuda a las organizaciones sociales, las juventudes de las organizaciones de izquierda crecieron gigantescamente al contrario de las de los partidos políticos tradicionales y podría seguir dando ejemplos de cómo esta coyuntura tiene características inimaginables. Ese es nuestro deber en esta pasada, es el deber y la consciencia de que esta lucha es para largo y tenemos que prepararnos.

Por esta y otras razones tengo fe que nuestro país en un corto y mediano plazo dará que hablar. Nos comprometemos con consciencia, organización y lucha para lograr los cambios sociales y políticos que permitan el avance del pueblo. Asumimos sin complejos que nadie nos trancará el paso en ese camino, porque somos una nueva generación para el proyecto revolucionario en Chile.

1. “Forbes: la familia Luksic tiene la tercera fortuna de América Latina”, La Tercera, 10 de mayo de 2011.

*Presidente Centro de Estudiantes Liceo Miguel Luis Amunátegui 2010, vocero ACES 2010.

A la venta en quioscos, librerías
y en la librería de Le Monde Diplomatique
San Antonio 434, local 14, Santiago
Teléfono: 664 20 50
E-mail: edicion.chile@lemondediplomatique.cl

Adquiéralo por internet en:
http://www.editorialauncreemos.cl

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